El Diario Vasco, 14/10/17

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TERRITORIOS LECTURAS

Sábado 14.10.17

EL CORREO

La escritora, en un retrato de madurez; a la izquierda, leyendo un libro con su hijo.

La autora olvidada por la Generación del 27

La editorial Hoja de Lata recupera novelas y textos de Luisa Carnés, una escritora hecha a sí misma que contó con madurez los difíciles años que le tocó vivir

REPORTAJE

BEGOÑA RODRÍGUEZ

Luisa Carnés no nació en una familia aco- modada que la pusie- ra en contacto con el arte y la literatura desde tem- prana edad. Vino al mundo en un Madrid frío de principios de enero que desgranaba mi- seria y al que le quedaría mu- cha Guerra Civil por vivir en plena infancia de la escritora. Sí, a Luisa le tocó nacer en una familia muy pobre y desde bien pequeña tuvo que traba- jar y enfrentarse a un día a día duro y lleno de dificultades. Las calles mugrientas de la capital olían «a hambre atrasada y a ropa vieja», como bien narra Garrido-Couriel, a abusos y penurias y ese fue el ambiente que despertó en ella el fuerte ingrediente de conciencia social que más tarde vertería en sus novelas.

Ante la desolación de su entorno, Carnés encontró refugio en la literatura. Fue una autodidacta y se empeñó en proporcionarse la educación que la precaria situación económica de su familia no podía darle. Así, y en los escasos ratos libres que le dejaban sus continuos trabajos (fue sombrerera ya a los once años, camarera, telefonista, dependienta, trabajadora textil…), la autora se nutrió de influencias diversas: desde los folletines y las novelas de peseta, al reporterismo y narradores como Dostoievski, Tolstói, Gorki y clásicos de la literatura española. De aquellos trabajos y días, pasados por el filtro de los autores rusos, brotarían sus novelas-reportaje. «A los once años aprendí un oficio. Entonces, quizá, surgieron en mí las inquietudes, que aún no me han abandonado, las preguntas a las que todavía no he hallado contestación», aseguraba en una entrevista publicada en la revista ‘Crónica’ en marzo de 1930.

Por eso, para David Becerra Mayor, profesor de Litera- tura en la Universidad de Lie- ja y artífice de que la editorial Hoja de Lata descubriera a Luisa Carnés (Hoja de Lata está recuperando y reeditando la obra de la madrileña) podría decirse estamos ante un caso excepcional. Ella, a diferen- cia de la mayoría de la Generación del 27 –integrada por autores de clase social acomo- dada, que disfrutaron del acceso tanto a la universidad como a la cultura– no cuenta desde su posición privilegia- da la vida de las clases bajas. «Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente a aquellas que no les preocupa la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que enimage_content_6656025_20170613001652gendra rebeldes», escribía en ‘Tea Rooms. Mujeres obreras’.

No fue una ‘Sinsombrero’

«Ella no es una cámara que se dedica a dar voz a los que no tienen voz, porque ella mis- ma representa al sujeto subal- terno que precisamente por- que le han negado la posibi- lidad de expresarse, porque le han robado la palabra, ha de- cidido tomarla para contar su propia historia y la de su cla- se». Tal vez por eso, reflexio- na Becerra, su olvido ha sido incluso mayor que el que su- frieron las otras mujeres de la (mal) llamada Generación del 27: «Su discurso era doble- mente transgresor, subvertía desde la clase y desde el géne- ro». En efecto, Luisa Carnés ni siquiera fue recuperada en el proceso de sacar a la luz a las mujeres del 27. Ella no tuvo el ‘privilegio’ de ser una ‘Sin- sombrero’: María Teresa León,

Rosa Chacel, María Zambra- no, Ernestina de Champour- cín, Concha Méndez, Josefi- na de la Torre… Pero, ¿y Lui- sa Carnés? Pues Luisa Carnés ha sido triplemente olvidada: por comunista, por exiliada y por mujer, recuerda Becerra Mayor. ‘Tea rooms’ no se ha- bía vuelto a publicar desde 1934. «El canon literario es- pañol del siglo XX se constru- ye –conviene no olvidar tam- poco las relaciones entre ca- non e ideología– durante el franquismo, y el canon que hemos recibido ha dejado fue- ra toda una tradición literaria realista, social, comprometi- da». De hecho, y en la actua- lidad, apenas se conoce la obra de los novelistas sociales de los años treinta, como la mis- ma Carnés, o Arconada o José Díaz Fernández; como tam- bién casi se ha olvidado ya a los novelistas sociales del me- dio siglo, como Armando Ló- pez Salinas, Jesús López Pa- checo o Antonio Ferres.

Volviendo a sus inicios, fue precisamente en uno de sus

«Su discurso era doblemente transgresor, subvertía desde la clase y desde el género» trabajos donde pudo también aprender algunos rudimentos de mecanografía que le permitieron acceder al puesto vacante en una empresa editorial, y contactar así con ciertas figuras relevantes del panorama literario español. Gracias a estos contactos, en 1928 entregó a la imprenta su primera narrativa, constituida por tres novelas cortas que, bajo el título colectivo de ‘Peregrinos de calvario’, causa- ron muy buena impresión entre los lectores y la crítica especializada de la época, tanto por la madurez y firmeza de estilo que mostraba el texto como por el asombro que se desprendía de la azarosa formación intelectual de la joven autora.

Fernández de Cano insiste en no olvidar que, además de tratarse de la opera prima de una escritora autodidacta, ‘Peregrinos de calvario’ suponía la irrupción en el mundo editorial de una autora de veintitrés años que, a pesar de su juventud, «hacía gala de una vigorosa capacidad de expresión lingüística y de unas excepcionales dotes de observación».

En 1930 ve la luz su segundo publicación narrativa, una novela ambientada en un ta- ller textil en el que trabajó du- rante un tiempo y centrada en una interesante figura femenina que da nombre a la obra, ‘Natacha’, que fue catalogada por la crítica como «una obra madura». Le sigue la ya mencionada ‘Tea-Rooms. Mujeres obreras’, una novela-reportaje basada en las peripecias reales de las mujeres trabajadoras de la época.

En 1936, ya iniciada la guerra, se estrena en el Teatro Lara su obra ‘Así empezó…’, un drama de ‘agit-prop’ que, compuesto de un solo acto, se entregaba con un claro fin propagandístico en favor de la Segunda República y en contra de la sublevación militar. La crítica inmediatamente se encargó de subra- yar la calidad literaria y la fuerza dramática de este trabajo pero la situación bélica y el exilio cortaron su carrera literaria.

Luisa Carnés moriría en México a los 59 años en un accidente de coche en el que sobrevivieron su marido y su hijo. Ellos han sido los que han proporcionado a Hoja de Lata el material literario de la escritora.

Y mientras se recupera, el Ayuntamiento de Madrid tiene previsto instalar una placa en el número 35 de la calle Fernández de la Hoz, en el barrio de Chamberí, en honor de Luisa Carnés, una voz que merece la pena ser escuchada.

by HojadeLata