El Descodificador, Vanitatis, 10/01/17

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Rock and roll matutino

Hoy podría hablarles de Trillo, y del asco que siento por unos políticos capaces de traicionar incluso a los suyos. Pero no lo haré: habíamos quedado en que dedicaríamos menos tiempo a estas miserias y más a todo aquello que nos hace mejores personas. Por ejemplo, el hecho de que hace dos días puse en marcha el I Curso de Rock and Roll Matutino sobre Ruedas.

Solo tengo dos alumnas. Mi mujer y mi hija. Algún día se incorpora un viajero que, de manera puntual y sin cargo alguno, asiste de manera gratuita como oyente. El curso, que nace como consecuencia de las aficiones musicales mi hija, descarriada hasta el punto de escuchar a Taburete, es un desesperado intento por reconducir la vida sonora de alguien tan joven y maleable. Las clases son diarias, de lunes a viernes, duran lo que dura una buena canción, y las imparto por la mañanita temprano, nada más subirnos al coche camino del colegio.

Un día, una canción. Una buena canción. No importa el género ni el tiempo, tocaremos todos. Sí importa el volumen. Generoso. Y por su puesto importan, y mucho, las explicaciones previas, clases maestras de un par de minutos impartidas por un servidor sobre el músico, la época y las circunstancias que rodean el tema y su grabación. También son fundamentales los comentarios posteriores, ya en grupo.

Comenzamos el primer día de colegio del 2017 con Bob Marley y su “Redemption Song” grabada en directo en Pittsburg en 1980. Les dije que Bob ya estaba enfermo, que fue su último concierto. Y les hablé de Jamaica, de los rastafaris, de la ganja, de Etiopía como tierra de promisión, de la influencia del reggae en el pop y el rock (desde Eric Clapton a los Clash)…

El segundo día sonó “Changes”, la canción que abre uno de los mejores álbumes de David Bowie“Hunky Dory”. Puse este disco porque a mi hija le hace mucha gracia un tipo que sale en la nueva edición de “Gran Hermano” con unas pintas muy raras, supuestamente provocativas, diciendo cosas aún más extrañas. Alex Gibaja. Un triunfador en las redes sociales. Aproveché para hablarles del Bowie del 71, provocador, extravagante y sexualmente ambiguo en unos tiempos duros… pero al mismo tiempo capaz de escribir y grabar canciones enormes. “Changes” habla de todo eso. Cambios, de maquillaje, vestuario y peluquería, pero tambien de melodías y acordes. Talento además de lentejuelas.

Hoy sonará “I´ll Feel A Whole Lot Better”, un gran tema de un genio escondido llamado Gene Clark. Dudaba entre la versión de los Flamin Groovies, seguramente mi favorita, o la original grabada por The Byrds. Me he decidido por esta última. Dos minutos y medios perfectos. Hijos de Dylan y los Beatles, los Byrds bordaron el folk-rock, apostaron por las voces y las guitarras sutiles, y sembraron la semilla del Nuevo Rock Americano. Sin los Byrds no existiría Tom Petty.

¿Mañana? Quién sabe. Quizá Chuck Berry. O algo de la Motown. O Warren Zevon. O puede que Buddy Holly.

Un motivo para NO ver la televisión

Lluvia de agosto

Autor: Francisco Álvarez.

Editorial: Hoja de lata.

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Mucho se ha hablado de Buenaventura Durruti, líder anarquista y leyenda antisfascista, personaje histórico del que se han escrito algunas biografías excelentes. “Lluvia de agosto” es mucho más que eso, puesto que convierte en novela las aventuras y desventuras, las gestas y errores, del que fuera enemigo número uno del poder. Pero cuidado, porque Francisco Álvarez, el autor, mantiene un rigor escrupuloso en cuanto a los hechos y las fechas: traslada al lector a la España de la Guerra Civil, le muestra el color y el dolor de un país dividido. Casi se pueden percibir el olor del miedo y la pólvora, escuchar el griterío de la revuelta, sentir el impulso de la revolución.

“Tanteando el terreno con la lámpara para no pisar en falso, Ascaso y Durruti caminaron con rumbo fijo en aquella noche ciega de luna, arrumados por los sonidos zoológicos y por las fragancias botánica de los bosques de Bon-Secours, entre hayas, robles y un laberinto fresco de corrientes y riachuelos. Tardaron un par de días en presentarse en Bruselas, donde ya estaban informados de su llegada varios libertarios belgas, que les dieron ropa y alojamiento. Allí recibieron la mala noticia de la ejecución, en la prisión estadounidense de Boston de Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti. Las huelgas obreras, las manifestaciones pacíficas, las vigilias nocturnas en los cinco continentes, las cartas de petición de clemencia, los artículos de prensa, los actos de boicot, los sabotajes contra objetivos estadounidenses… nada había servido para salvar la vida de los dos anarquistas italoamericanos, condenados a muerte, en un juicio sin garantías, por un robo a mano armada en las oficinas de una fábrica que dejó un balance de dos muertos, un cajero y un vigilante”.

Durruti fue un hombre especial, un revolucionario de “verbo encendido y atronador” que pronunciaba discursos “sin concesiones ni renuncias”. El enemigo de la patronal, el héroe de la clase trabajadora, un luchador que “se alejaba de los cánones dialécticos y consuetudinarios de la izquierda de la época”. Un tipo único, que alimentó el anarquismo de combate y murió fiel a sus principios. Esta es su historia, la de su vida y su muerte, construida desde la admiración y el respeto.

“En septiembre de 1932, todos los deportados que se había llevado el Buenos Aires regresaron a Barcelona, donde la CNT y la FAI les tributaron un multitudinario recibimiento. Aquellas vacaciones impuestas en Canarias terminaron de convencer a Durruti y a Ascaso, si aún no lo estaban, de que no quedaba resquicio alguno para buscar la convivencia y entendimento con un régimen que perseguía a los anarquistas y que reprimía el anarquismo”.

“Lluvia de agosto” es un soplo de aire libertario. “Llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”, dijo Durruti a un periódico canadiense. Un mundo nuevo que también está en las páginas de este libro, una clase magistral de historia encerrada en una novela de aventuras.

 

by HojadeLata